sábado, 12 de diciembre de 2009

Mercosur, Unasur, Lulasur y los vecinos tontos


Diciembre 12. Nuestra Sra. de Guadalupe

Años atrás, me encontré con el siguiente que no es más que un cuento: Los vecinos tontos.
“Había una vez seis campesinos que tenían por costumbre reunirse los sábados en el portalón de la casa de uno de ellos, para contarse las novedades de la semana y otras muchas cosas más. Aquel día, el tema de su conversación fue el mar.

¡El mar! ¡El mar! -Exclamó uno de ellos en el mismo tono que si fuera a arrancarse con un verso alabando sus bellezas-. ¿Sabéis lo que he deseado
durante toda mi vida? ¡Ver el mar! Sentarme en su orilla y sentir la caricia de la brisa con la que, dicen, le recibe a uno. ¿No es estupendo? Por eso me encuentro cada vez más melancólico, por no haber visto en toda mi vida el mar.
Ahora que lo pienso, yo también he deseado durante toda mi vida contemplar el mar -dijo otro de los campesinos, entornando los ojos.

¿Cómo es que no se nos ha ocurrido antes acordarnos del mar? -Se preguntó un tercer campesino, experimentando en ese mismo momento, vivos deseos de hallarse ante él.
Los tres compañeros restantes declararon igualmente que no era posible vivir ni uno sola hora más sin ver el mar.

En tal caso -prosiguió diciendo el primer campesino-, ¿qué os parece si, aprovechando que mañana es domingo, echamos a andar hasta que encontremos el mar?

El proyecto fue aprobado por unanimidad, y a la mañana siguiente, temprano, los seis hombres se pusieron en camino.

Anduvieron durante varias horas, y cuando ya pensaban que el mar se encontraba mucho más lejos de lo que ellos creyeron, descubrieron una interminable planicie cubierta de trigales, que se perdía en el horizonte. La suave brisa, ondulando las espigas, levantaba en aquella superficie
algo muy semejante a las olas del mar.

¡Ahí está el mar! -gritaron los campesinos, dando saltos de alegría y lanzándose a su encuentro, quizá con la intención de nadar.

Sí, se “sumergieron” en aquel mar dorado, dando manotazos a derecha e izquierda, haciéndole la ilusión de que nadaban. Y, como se iban al fondo, se convencieron de que eran unos expertos nadadores.

¡Esto es maravilloso! -exclamó uno de los inocentes campesinos-. Siempre creí que el agua del mar era mucho más fría.

Haciéndose la ilusión de que nadaban, llegaron a un pozo muy profundo, y a uno de los hombres se le ocurrió decir:

Temo que uno de nosotros se haya caído al fondo. Vamos a contarnos, por ver si estamos todos.
Y empezó a contar:

Uno, dos, tres, cuatro, cinco... -se detuvo al llegar a este número, exclamando: -¡Falta uno! ¡Alguien se ha caído dentro del pozo!.

Lo que sucedió es que se había olvidado de contarse a sí mismo, por eso solamente le salían cinco campesinos.

Se asomó al pozo y gritó nerviosamente:

¿Estás ahí abajo, Jacinto?

Todos aguzaron el oído y les pareció escuchar un “¡Sí!” por respuesta.
¡Hemos de sacarle! -exclamaron los campesinos-. Si no lo hacemos, esta aventura terminará mal.

Pero, ¿cómo? El pozo es muy profundo y no disponemos ni de una cuerda ni de un apoyo.
Después de una larga discusión, resolvieron colocar un fuerte madero atravesado sobre la boca del pozo, y que Vicente, que era el más fuerte del grupo, quedara colgando sobre el abismo, sujetándose con ambas manos de madero.

A continuación, otro de los campesinos se le agarró a los pies, el siguiente quedó colgando de los pies del segundo, otro más se abrazó desesperadamente al extremo de aquella soga humana, y así hasta que el último quedó colgando en el interior de la negra boca del pozo.

¿Estamos todos? -preguntó Vicente, realizando grandes esfuerzos para no soltar sus manos del tablón.

Sí -respondió el último de la cadena.

¿Has podido ver a Jacinto?

Sólo veo sombras negras.

Pues date prisa, porque mis manos ya no pueden más. Se me ocurre una cosa para aliviarlas: sosteneos solos un instante, mientras yo me restriego las manos contra el pantalón.

Y el bruto de Vicente, dejó de agarrar el madero, y, naturalmente, los seis campesinos se precipitaron al fondo del pozo, que estaba lleno de agua, y allí deben seguir todavía, si alguien no ha pasado por allí a sacarlos...

Me gusta el juego de las metáforas porque pienso que la vida co todas sus experiencias, todo es una metáfora. Aunque los vecinos son otros…ahora son los del sur, quienes se creen los salvadores, los carismáticos, los elegidos. Ellos se reúnen a cada rato…para salvar al mundo, para cambiar las reglas de juego, aunque en verdad nadie sabe para qué…pero lo que si todos sabemos es que comen bien, hablan en exceso, beben, disfrutan y se hipnotizan unos a los otros creyendo que llegaron al mar y ahora todo es nadar…y nadar sin saber para donde…Con tanto discurso y arengas, de mariscales de campo, que no cambian en un ápice las duras realidades. Y todos de antemano celebran sus proezas de llegar al mar…pero lo malo es que aun no saben qué es el mar, ni dónde queda el mar. Y vuelven a sus casas con más promesas, que nunca cumplirán y tratados que pronto serán olvidados … Ellos se pagan y se dan el vuelto, hablan, discursean disfrutan de sus rituales y banquetes, y con muchos abrazos y lisonjas que se prodigan generosamente, llegando a creer que el mundo es cuadrado, y que el mar está a la vuelta de la esquina …y que todos estamos pendientes de lo que ellos digan , decreten y hagan...fabricando una realidad que no existe. Se alegran porque piensan que porque lo dijeron ya es así…sin darse cuenta que nadie los menciona. A nadie le importa que se reunan o no porque en verdad no hacen mayor diferencia. Ni alivian la pobreza, ni el hambre, ni la sed de justicia, ni bajan los índices de violencia …Todos terminarán un dia, en el fondo del pozo..con Vicente, culpándose o ignorándose unos a otros, pensando que en verdad son víctimas de alguien que impide tanta belleza, lamentando que todavía haya quienes no los quieran, ni los tomen en cuenta. Y con Vicente como jefe de cuadrilla, que hace tiempo perdió contacto con el madero, todos caerán una vez más al fondo del pozo…y con ellos muchos otros que los quieren seguir en esta pesadilla. Esa es la triste paradoja de nuestro desarrollo latino: los que prometen y los que creen en promesas. Los carismáticos y los que necesitan un carismático, que hable y hable y nunca pare de hablar….quedándose todo en puras palabras. Y el oportunista que va a la cumbre a ver que le cae …y seguiremos en rituales y celebraciones con largos y tediosos discursos, que ya nadie quiere escuchar. Bienvenidos al club de los vecinos tontos que aun no han entendido de lo que se trata.

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