jueves, 20 de agosto de 2009

¿ Cúal crisis…?


Agosto 14, 2009.

Preguntar en Venezuela es quedarse sin respuestas. Si preguntas por una dirección te mandarán en sentido contrario. Si preguntas a un profesor en clase, te hará sentir que eres un fastidio. Si el niño pregunta a su papá, lo mandará a callar. Y así transcurre la cotidianidad del venezolano, en la casa, en la calle, en el aula…y para muchos la decisión es ver y callar y aparentar que lo sabes todo. El venezolano, por naturaleza le gusta hablar, opinar, comentar, analizar, criticar, dictar cátedra, chismear, echar a correr bolas, y para eso hemos montado toda la tecnología de radios, circuitos, emisoras, cadenas. ¿ Y para que tanto despliegue? Si pareciera que alguien se cree dueño de todo: de las almas, de los cuerpos, de tu casa, de tus hijos, de las empresas y casas y fincas y puertos, y carreteras, y fundos, y haciendas…y de tus cuentas bancarias y ahora más reciente de lo que piensas y dices, para que ni se te ocurra informar cuando lo que se quiere es que con tanta información la gente permanezca desinformada. La paradoja de donde venimos es la misma que la paradoja hacia donde vamos…comunicarnos para permanecer desinformados.

Abundan los escándalos , las noticias, que se cuelan a través de los muchos programas noticiosos, análisis, interpretaciones, conjeturas, predicciones, meta-mensajes, fantasías, hipótesis, especulaciones, chismes, rumores y otras menudencias que nos entretienen y distraen de manera que nunca llegaremos a saber cúal es la verdad de lo que sucede. Miles de expedientes se quedan en las instancias policiales, judiciales, ministeriales, sin llegar a nada. Los cangrejos abundan y la práctica de esconder, cambiar, engavetar, negar la información es algo común. Lo que más llama la atención es la cantidad de comentaristas, analistas, especialistas, expertos de todo, empezando por el propio jefe de estado, que han aparecido en estos nueve años analizando el suceso, ofreciendo la propia versión de todo, sus interpretaciones, sus especulaciones , sus teorías, y predicciones de lo que pasa y pasará…y todo por supuesto sin la más mínima intención de que todos estemos más informados. Pareciera que el interés pareciera más bien que cada día estemos mas desinformados. No olvidemos el caso del fiscal que fue asesinado en su camioneta, pero aún cuatro o cinco años después aún no sabemos quién lo hizo ni por qué…ni la cantidad de expedientes de presos comunes y corrientes que andan en manos de jueces y operadores buscando una mejor comisión, abundando las agendas ocultas, los arreglos, los grupos clandestinos de los que juegan a rio revuelto, los que tienen su propia sala situacional a domicilio, los que se esconden detrás del pseudónimo y se creen dueños de la verdad y ofenden e insultan a su capricho todas las noches… y hacen malabarismos con sus predicciones y acusaciones que arreglan la información a su gusto. En Venezuela abunda la curiosidad y la ligereza, la irresponsabilidad, y la intrascendentalidad en el manejo de la información: acusamos sin fundamento, y echamos la culpa al otro…colocando a muchos a diario, en el banquillo de los acusados, sin medir las consecuencias de lo que se dice, se escribe o se publica, del impacto del comentario sin fundamento, dando cada uno rienda suelta a sus fantasías, a su locura personal, a sus predicciones catastróficas, a sus interpretaciones individualistas…y quedando después la duda acerca del otro, de su fama y reputación. Y de esa manera hemos fabricado un país de múltiples polaridades, de situaciones inacabadas, de posiciones irreconciliables, de enemigos gratuitos, con interpretaciones e hipótesis, que nos dejan sembrada la desconfianza hacia el otro, porque lo mejor es no confiar, y lo importante es tener amigos en el poder y asi solucionas todas tus dudas.

Informar y estar informado es una necesidad para todos. Para el uso adecuado de nuestros derechos y libertades necesitamos la información. Para el hombre moderno, metido en la complejidad y en la variabilidad, la información es una necesidad de vida o muerte. Cuando reflexiono sobre cómo manejamos la información, pienso que si alguien se pusiese a cambiar este patrón cultural de informar con veracidad, respetando los derechos de otros, y si quisiéramos educar al venezolano a comunicarse con efectividad …a exigir la información veraz y efectiva, a ser responsable de lo que dice …y a ser exigente en cuanto a no acusar impunemente al otro, muchos podrían pensar que se trata de un intento de desestabilizar el país…Porque queriendo componer las cosas, las echamos a perder. Y para los que amañan la información y la formatean a su gusto, y la cambian y la abultan según intereses, la ignorancia es una buena aliada. El que la población permanezca ignorante es política de salas situacionales, de tribunales, de ministerios, de salas de prensa en las gobernaciones, en las alcaldías, en las universidades, en los barrios adentro… en aduanas, en hospitales de la comunidad, en las empresas básicas y privadas, en sindicatos y hasta en las calles …si lo que hay es desinformación y los espacios públicos son como los mentideros públicos de antes, donde todo el mundo hablaba y todo el mundo fantaseaba y todo el mundo terminaba destruyendo la fama y reputación del otro….en verdad para que nos sirve estar informado. Y mientras tanto, el venezolano de buena voluntad, aunque sepa lo que sucede, qué puede hacer si lo que existe a su alrededor es la ignorancia, y la impunidad y las mentiras como práctica comunicacional formateadas como chismes, rumores, rituales con los cuales anestesiamos nuestro fastidio existencial… La raíz de nuestros problemas es que somos un pueblo que aunque hablemos hasta la saciedad, no nos apreciamos lo suficiente como para respetarnos mutuamente.

Nuestro problema de comunicación pareciera venir de la cultura que hemos cultivado. Cien años de guerra en nuestro pasado y de peleas y revoluciones y bandos y pandillas son muchos años al servicio del maltrato, que nos hicieron perder nuestra conciencia del otro, de escuchar al otro, y de verlo como alguien en quien confiar. Y asi terminado en una comunicación de supuestos y de hipótesis que han distorcionado nuestra percepción de nosotros mismos y del otro, con una manera de pensar, de sentir, de relacionarnos, de desempeñarnos, poco propicia para la convivencia social. Y de esa manera hemos construido un país de fantasías, de supuestos, de pseudorealidades por los cuatro costados, donde nunca podríamos estar seguros de si lo que vemos es lo que verdaderamente existe y si lo que sucede es lo que experimentamos y sufrimos. No creo que tengamos un piso sólido para nuestras conclusiones, porque ni confiamos en lo que decimos, ni confiamos en lo que el otro nos quiere decir, ni hay espacio para la intimidad, ni para el equipo solidario… Nuestras premisas comunicacionales están equivocadas. Seguiremos siendo crisis porque nuestra manera de pensar y de comunicarnos es de crisis. Y la primera distorsión es : lo que comunicamos son nuestros supuestos…alejados de la verdad que van junto a lo obvio donde se esconde la verdad. Otra distorsión es que nada es lo suficientemente importante como para que le demos importancia, a no ser que el que hable sea alguien con poder. Aquí mueren cientos de personas en un mes y eso no es importante. Muchas personas están deprivadas de sus libertades fundamentales y eso no es importante. Muchos son secuestradas y eso no es importante. Muchos niños son abandonados y los hospitales, y las escuelas, están colapsadas y eso no es importante…. porque lo que es importante es la política de estado: desinformar, el no ofrecer la información obvia, el excusar y acusar es importante. La información es poder, y dar información es una amenaza para el poder. El venezolano en emergencia no tiene ni siquiera con quien comunicarse. Ni se te ocurra llevar una queja, un reclamo a alguna instancia a no ser que sobornes o pagues por ello. Ni el médico, ni el policía, ni el ministro, ni el sacerdote, ni el gerente… ni los padres están libres del chantaje y del soborno. Nada nuevo que no haya sucedido anteriormente porque estos son rituales que nacieron con la república y ahí continúan. La crisis que tenemos es una crisis de confianza y de credibilidad. Quizás algún día otras generaciones entenderán que un país que no se comunica, jamás se desarrollará y se paralizará y perderá su razón de ser. Podremos cambiar de gobiernos, de partidos, de personajes, de colores y de ideologías…pero mientras sigamos metidos en los dobles vínculos, y en las medias verdades, en un estilo disfuncional, ni habrá contacto, ni habrá congruencia, ni habrá salud mental. Seguiremos siendo un país marginal, que se comunica a través del conflicto, de la protesta, del problema…algo que nos separa y divide, porque nuestros mapas mentales, nuestros valores, nuestros ritos y tradiciones, nuestra comunicación está basada sobre no darle importancia al otro, a lo que el otro necesita saber, quedándonos como alternativas la mentira, los rumores y las restricciones mentales. Tenemos una crisis de personas y de valores y de cultura, y de ética. Pero la peor de las crisis es la de nuestra incapacidad de expresar lo que realmente somos, respetando lo que es obvio, nuestra verdad. El cambio sería en la comunicación: que existan espacios para comunicarse, para ser, para existir de una manera pacífica y organizada, con oportunidades para todos de satisfacer sus necesidades. La crisis de la violencia comenzó en el hogar cuando los padres dejaron de comunicarse con el hijo, y el contacto fue a través de la mentira y del castigo… y de la amenaza y la violencia la aprendimos en la casa cuando dejamos de cultivar el contacto en la intimidad del triángulo familiar… Y es la crisis del trato que le damos al otro, al niño, al adolescente, al trabajador, al preso, al enfermo, al anciano, a la mujer, al diferente porque aunque digamos que todos tenemos derecho…a los jueces, a las autoridades, a los padres y maestros no les da la gana de cambiar su actitud del que piensa que siempre tiene la razón y el equivocado es el otro. Mientras el otro no importe, ni haya contacto, ni comunicación no habrá ni democracia, ni socialismo, sino grupos de personas desarraigadas, sin identidad y sin vínculos, buscando cada uno cómo salir del atolladero. Y la educación, y la convivencia social y la gerencia están en crisis porque no existe una conciencia clara de las necesidades y del significado del yo y del otro, todos personas a quienes se les debe el mejor servicio, y la mejor calidad. Y nuestra crisis seguirá vigente hasta que nos pongamos de acuerdo para cambiar nuestra manera de comunicarnos, de relacionarnos, de ser y existir.

El venezolano se hace muchas preguntas todos los días, pero la mayoría quedan sin respuestas. Para salir de la comodidad de nuestro subdesarrollo mental tenemos que acabar con las rutinas de nuestra comunicación: el chisme, el rumor, los mil supuestos que entretienen nuestro fastidio y cultivar la confianza, la valoración, la aceptación del otro. Caracas podría convertirse en una ciudad moderna con espacios aptos para la comunicación entre todos…las familias necesitan comunicarse, los maestros y los alumnos, los gerentes y los sindicatos, todos necesitan conversar para reencontrarse con el otro, y apreciar y sentir que una vez más todos podemos confiar en todos.

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