jueves, 16 de julio de 2009

Neda Agha Soltan



Irán 2009. Unas elecciones, en apariencia como otras cualquieras. Unos jóvenes como otros jóvenes…y cincuenta años de revolución como cualquiera otra de las que pesan sobre varias generaciones sin que se vean cambios de conciencia importantes, de las que prometen bienestar y felicidad instantánea. Quizás estemos entrando en una etapa de cuestionamiento de tantas revoluciones sin resultados, de programas y de promesas incumplidas de líderes y políticos transitorios que ya comienzan a desvanecerse, con pérdidas de credibilidad y de apoyo, mientras aparecen generaciones de jóvenes con otras necesidades exigiendo más congruencia y sentido.

Las elecciones de Irán nos ha permitido conocer a Neda, una joven de 26 años, amante de la vida “un rayo de luz” como alguien la llamó. Con estas elecciones, me refiero a las de Irán y ante la reacción a un supuesto fraude, Neda como muchos otros jóvenes decidieron tomar las calles de Teheran y exigir por su futuro. El mensaje de Neda y de los jóvenes iraníes fue un mensaje para el mundo: compromiso con la vida, con la libertad, con el respeto por los derechos y autenticidad. Ese ha sido el mensaje de los jóvenes de siempre, el que se oye en todos lados. Nada tiene de extraño que los jóvenes quieran libertad y transparencia porque es lo que siempre han querido, y más en este caso específico cuando los jóvenes saben conocen de los entretelones de una política dogmática carente de ética y de competencias para gobernar. Lo que se defiende son lo que todo el mundo quiere después de La Bastilla en 1789.

La libertad ha sido la consigna de siempre. Cuando se defiende la libertad, se defienden los principios y la ética y los derechos, y el futuro y el desarrollo y la civilización humana, porque la protesta tiene otro significado. Lo extraño es que muchas revoluciones que han prometido libertad, desarrollo, justicia… todas sin excepción, han terminando con menos libertad, con menos desarrollo, y menos justicia. Para los que tienen el poder es fácil prometer y cuando pierden credibilidad deshacerse del opuesto a la fuerza, pero no con los principios y el diálogo. Lo que queda es la negación y la represión y el sacrificio de muchos que dieron testimonio. Aunque esto no es nada nuevo, porque siempre ha habido la lucha entre el bien y el mal…entre la verdad y la mentira…entre la promesa y lo hecho. .. aún estamos lejos de la verdadera democracia.

En muchos casos, la promesa de una revolución integral que prometía devolver al pueblo el uso de sus derechos, se quedó en bellas palabras …y ahora con la amenaza del fraude avalado por los que no quieren entender los procesos, la amenaza se convierte en una violación. Aunque de lo que se trata es de la conciencia: la conciencia de los jóvenes, reclamando el ejercicio de la libertad, la práctica de lo auténtico y la necesidad del diálogo y en ese sentido siempre tendrán razón porque no hay poder humano que pueda atribuirse el derecho de violar lo que a todos corresponde.

Tengo la impresión que las revoluciones políticas y sociales anteriores, casi todas, han caído en la misma contradicción: sobran palabras, falta crítica, sobran decretos y leyes para reprimir, falta ética y conciencia. No es cuestión de prometer, sino de respetar y hacer que los derechos de todos, se defiendan. Y si eso fue lo que se nos prometió ¿ por qué no se hizo?. Los que defienden los derechos de los desposeídos, son los que menos han respetado los derechos de los desposeídos porque la intención del que improvisa es aferrarse al poder y permanecer en él… olvidándose del pobre. La juventud lleva en sus venas la necesidad de ser libre… y eso merece un apoyo incondicional. Otros menos jóvenes que han perdido la conciencia y la ética y se mueven por intereses personales y lo que buscan es ganar en rio revuelto y obtener ganancias y una canonjía de privilegios y beneficios alejados de la ética, son los fanáticos que no quieren saber nada de protestas.

La protesta siempre ha sido el lenguaje de los jóvenes, afirmando el compromiso con la vida propia. Primero fue Chicago, San Francisco, después vinieron Praga, Tiananmen, Paris, Méjico, Moscu, Caracas, Santiago y Buenos Aires…Los adultos ideólogos hoy ya envejecidos y aburridos, han quedado como pergaminos arrumbados en cualquier biblioteca. Esos son los que hoy se disfrazan de intransigentes revolucionarios, quienes en algún momento olvidando sus conciencias y congruencia interior, se dedicaron a agredir a los otros cuando no pudieron imponer sus ideas y decidieron acallar la libertad a golpes y pedradas a espaldas de su propia ética. Los jóvenes, los de ahora y los de siempre, nacieron para crecer y parte del crecimiento es defender sus derechos. No nacieron para callarse o para esconderse detrás del abuso. Muchos cuando dejaron de ser jóvenes, dejaron de protestar y envejecieron como piedra al sol, muriéndose sin visión y sin valores. La vida es demasiada corta para sacrificarla en el altar de las contradicciones. Ninguna ideología pasajera…mucho menos sus líderes de reacomodo, los carismáticos que compran votos y conciencia no valen la pena que se les defienda porque se alejaron de la congruencia y de la trascendencia…Los demás tenemos que aprender a caminar por las contradicciones para probarnos y ser más conscientes de nosotros mismos.

No se trata de defender esquemas teóricos que jamás se han demostrado verdaderos…se trata de salir del laberinto de la comodidad y tener una conciencia clara que nos guie hacia dónde queremos ir. No le pidamos a la juventud colocarse camisas de fuerza…ni chalecos antibalas…ni trapos negros, ni rojos, ni azules, ni amarillos para defender ideas y sentimientos que llevan en el corazón…démosle apoyo en la búsqueda de una conciencia más robusta para que digan lo que quieren y sientan . En el pasado, algunas mentes atormentadas, diseñaron la inquisición, las cárceles checas, los paredones cubanos para eliminar a los jóvenes con sus conciencias…Pero los perdedores fueron los verdugos, porque aunque se hayan perpetuado en el poder con torturas, cárceles, castigos…siempre serán olvidados. Los jóvenes siempre serán recordados porque sus conciencias siguen en pie descubiertas en las voces de millones de jóvenes en todo el mundo que se atreven a no estar de acuerdo. No se puede negociar más riqueza con menos libertad, más derechos con más hambre. Si la libertad es lo fundamental de la existencia humana, esto significa que hay que defender todo lo que la libertad significa, al costo que sea. Y para defender la libertad, se necesita seguir siendo joven. La nueva conciencia, la del respeto por la opinión libre y por la disidencia…la que exige que quepan todos y que todos tengan iguales oportunidades, no está en subasta. Lo que están diciendo los jóvenes es que una democracia libertad y derechos y reconocimiento del otro, sin condiciones, sin exclusiones. La libertad está en la conciencia de los principios y eso es lo que no nos pueden quitar.

El único límite del derecho es la conciencia que trasciende y trabaja para el bien común, y obliga a todos ciudadanos y funcionarios a respetar los límites. Lamentablemente todavía existen ideologías del pasado que ya están muertas pero que son practicadas como rituales satánicos por jueces y jurados, por políticos y militares, por sacerdotes y maestros, por padres y comunidades exigiendo obediencia ciega, so pena de castigo eterno y se cultiva por miedo a la represión, y se defiende con la pasión del bolsillo. Con el paso del tiempo todos, sin excepción llegaremos a la misma conclusión, unos más tarde, otros más temprano: Cada quien es dueño de su propia conciencia. Nadie jamás podrá ser dueño de la conciencia de nadie. Lo que ignoran los sabios- ignorantes que hoy son revolucionarios y mañana antigüedades, los que hoy tienen el poder y el control por la fuerza es que cuando se trata de la libertad o de los derechos…eso no es una franquicia, ni una concesión generosa del poderoso …sino el derecho inalienable con el cual se nace. Eso es lo que sentía Neda Agha Soltan, “un rayo de luz”, quien perdió su vida a los 26 años, el 23 de Junio del 2009. Su muerte fue el testimonio de millones de jóvenes que se exponen a perder sus vidas…por defender sus derechos y su dignidad.

Los jóvenes quieren ser libres y respeto por sus derechos y no quieren sentirse víctimas de tantos decretos y normas y códigos de sometimiento de quienes los quieren a su imagen y semejanza.… La conciencia es un regalo de Dios y la libertad se construye sobre la conciencia del derecho y ambas hay que amarrarlas al presente y al compromiso de hacer el bien para todos, evitando hacer el mal. La conciencia y la libertad, ambas son para el desarrollo y el desarrollo es para todos, no para unos cuantos privilegiados. La misión de los jóvenes es abrir puertas de una nueva civilización, basada en los derechos y en la justicia y en la ecología…sanando las heridas de un pasado de ignorancia y de violaciones.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario