sábado, 18 de julio de 2009

La Izquierda



“La gran falla de la izquierda –su tragedia- es que una y otra vez sobre todo en el siglo XX, ha olvidado su vocación original, su marca de nacimiento, la crítica. Ha vendido su herencia por un plato de lentejas de un sistema cerrado, por una ideología”. (Octavio Paz).

Con la izquierda y con la derecha pasa lo que pasa con la experiencia humana que llega un momento en que los extremos se tocan y se confunden…el valiente anda siempre muy de cerca con el cobarde…y el inteligente a veces toca al bruto y el generoso se alinea con el tacaño…y el bombero con el incendiario, como decía Neruda, generándose confusión y desaliento porque no sabemos quién es quién y nos gustaría que todo estuviese como más claro, casi como un libro abierto que lo hay que hacer es leer. Pero en las artes de entender lo humano, la sabiduría comienza por la confusión y de la confusión la única manera de salir es tomando conciencia…primer paso para saber qué significa cada cosa. Derecha e izquierda son extremos de una misma realidad- de eso que llamamos polaridades- cada uno con sus bondades y limitaciones. El conocimiento estará en saber darle a cada cosa su propio valor. Izquierda y derecha son dos perspectivas irreconciliables, dos interpretaciones que se hacen de dos puntos de vistas diferentes que por lo general se parecen en lo que se diferencian pero que a veces terminan produciendo más dolores de cabeza. Todos queremos una visión perfecta de 360 grados. Cuando afirmamos ser de derecha, queremos derechos exclusivos, es decir negamos la otra parte –la izquierda - parte importante de nuestras vidas y viceversa. Lo inteligente sería aprender a vivir con las dos caras para sentir que la vida en su plenitud, como cualquiera otra experiencia humana siempre es compleja. Porque eso de vivir negándose uno a si mismo, nos termina llevando por los caminos del prejuicio y de la intolerancia. Y ninguna de las dos cosas por separado son verdades absolutas.

Nuestro cerebro es una totalidad que consta de un cerebro derecho, cerebro femenino y de un cerebro izquierdo, cerebro masculino, los dos contraponiéndose y los dos necesitándose, haciendo cada uno lo que tiene que hacer. Nuestro cuerpo es otro ejemplo de dualidades: - lado derecho y lado izquierdo- ambos fuentes de aprendizajes para poder tener una vida balanceada. Lo lamentable es que nos hayamos acostumbrado a vivir negando una parte para afirmar la otra…y en ese arte vivimos de espaldas a la realidad y de cara al irrespeto. El problema no está en la dualidad, ya que en el universo, todo está organizado en base a dualidades, sino en creer que la contradicción se maneja con la afirmación de una parte y la negación de la otra. Nos falta conciencia de lo que la ecología y la ética y los principios y los buenos modales significan como totalidades, que siempre serán unos y únicos y nos acompañarán todo el tiempo, para que mantengamos el equilibrio y el balance. Porque asi como hay izquierdistas desequilibrados, hay derechistas fanáticos, capaces ambos de eliminar a millones de personas solo porque a ellos se les ocurrió que los demás no tenían derecho. Y ¿quién les dio a ellos el poder a negar el derecho de existir a los diferentes. ..? Porque al negar la dualidad, estamos negando la vida que tiene mucho de dualidades. Y así como existen culturas y religiones y existe el hombre y existe la mujer…y existe el día y la noche y muchas otras verdades antagónicas con la diversidad por delante, y nunca serán excluyentes sino complementarias, a no ser que los seguidores sean irracionales e intolerantes y no permitan que la razón y la lógica los rescate del laberinto de los prejuicios. Si vamos a juzgar por comportamientos, sucede lo mismo en la izquierda que en la derecha, pareciera que ambos tienen miedo de verse en el otro, y a darse cuenta que ya ni la izquierda, ni la derecha dicen absolutamente nada importante al hombre moderno sobre todo si las dualidades las queremos manejar con el prejuicio por delante. Si el gobierno es de derecha o de izquierda, carece de todo sentido, a no ser que comencemos por revisar en qué consiste el izquierdismo o el derechismo: en muchos casos me he dado cuenta que para muchos es una coartada para expresar resentimientos y carencias y recalcar mapas y valores que aprendieron con el sello de salvación eterna.

No logro entender por qué insistimos en creer que derecha e izquierda son fuerzas negativas cuando en realidad son expresiones de la misma energía creativa, que lleva dentro de si la semilla de la contradicción. Quizás logré entender que muchos son lo que son, porque sus papás fueron rebeldes, recalcitrantes y resentidos…figuras importantes de un lado o de otro, fundadores de tal o cual movimiento, o porque tuvieron un profesor que les llenó los vacios del alma con doctrinas y los influyó y después que se graduaron y se incorporaron al mundo del trabajo, tanto los derechistas como los izquierdistas perdieron igualmente su ingenuidad, se hicieron pragmáticos, y dejaron a un lado ideales de la juventud, y del izquierdismo o del derechismo, solo les quedó lo romántico…en lo cual ya nadie cree. Dudo mucho que estos extremistas estén dispuestos a perdonarse a si mismos por disentir y sacrifican sus vidas y sus comodidades…y su bienestar buscando ser salvadores de otros. Lo malo es que todo este asunto de derecha o de izquierda se reduce a un discurso o a la publicidad…o a un mensaje grabado en una camiseta con diversos colores. Lo que pasó en Venezuela cuando llegaron a nuestras costas los españoles, los argentinos, los uruguayos, los cubanos, los salvadoreños, los nicaragüenses izquierdistas de todas esas corrientes ideológicas, escapándose de las persecuciones de militares derechistas … Llegaron y se integraron a una sociedad agrícola de consumo, sin mucho arraigo, sin identidad, y lo primero que tuvieron que dejar fue su dialéctica izquierdista porque lo importante era integrarse a una nueva vida, que no necesitaba de los mismos prejuicios y odios y resentimientos del viejo continente. La ideología fue la del padre que tenía que trabajar para tener y tener para educar y educar para sacar a sus hijos adelante… porque después de todo el de izquierda y el de derecha, no importan en que diferían, compartían los mismos mapas de sacar a su familia adelante: cuidar y alimentar y educar a sus hijos. Por allá por los años 30 la izquierda y la derecha eran utopías que se querían imponer a la fuerza…lo que hoy queda son cementerios ideológicos …cuestión de selección natural en los procesos de evolución. Nos quedan el desierto de guerras, pobreza, odios, resentimientos, venganza, retaliación, y muchas otras coartadas que no las necesitamos para vivir. Lo peligroso sigue siendo el lenguaje, lo mediático, lobos vestidos de ovejas…y promesas, que nunca se cumplirán y las amenazas y el rasgamiento de vestiduras. Ya pocos creen en la izquierda o en la derecha y mucho menos en el discurso de que todo lo que hago es por amor a los pobres, que hay que destruir al enemigo…más cuando vemos los resultados…todo sigue siendo un discurso vocinglero para engañar ineguos, porque los pobres siguen existiendo, los marginales, los excluídos, las injusticias, la violencia y la muerte en las calles, ahí están como expresión de una marginalidad de vida. El diálogo, es lo único que nos queda y el respeto como alternativa, para entendernos los unos a los otros. Aunque el diálogo hace rato que dejó de ser diálogo porque tanto los derechistas como los izquierdistas tan pendientes estaban de la dialéctica que se olvidaron de los sentimientos y de la ética, y más cuando lo que les interesa es la comodidad y los beneficios personales y unas buenas asesorías con gobiernos militares de izquierda que no tienen ni idea de lo que es la política, ni lo que es desarrollo, ni las relaciones internacionales. Por eso a todos, a los líderes y a los gobernantes les gusta el monólogo, con una taza de café en algún pequeño de las europas y unos cuantos estudiantes ingenuos que todavía creen en la inmortalidad del cangrejo. Hablar y hablar y hablar hasta el cansancio como lo hacían Hitler, Lenin, Stalin, Mussolini, Franco, Castro…sin que nadie se atreviese a criticarlos. Pero las grandes transformaciones que necesitamos no se hacen con tantos discursos sino meditando y con el diálogo, y con acciones negociando con mi otra parte de que manera podemos existir en paz.

En estos momentos de tanto desgaste, cuando la izquierda no admite a la derecha, ni la derecha admite a la izquierda lo que nos ha quedado es el prejuicio y un amasijo de teorías que han perdido vigencia…de ideologías sacadas del baúl del siglo XVIII, rescatadas por profesores conversadores de los café de Paris y Madrid, sembrándolas en América Latina donde todavía los europeos creen que los latinos somos indios y un espejito resuelve nuestra indigencia. Todavía hay muchos republicanos españoles o anárquicos que andan como almas en pena, resueltos a mantener la guerra civil española, quemando curas y frailes porque eso los absolverá de culpas por haber matado tanto indio inocente. En verdad que los que están vivos, son los resentimientos que se mantienen religiosamente en familias y comunidades y que todavía andan anclados con el dolor de la pérdida…como Lenín quien quería una revolución para vengar la muerte de su hermano y la mantuvo en pie con resentimiento y odio …lástima que nunca tomó conciencia de su propio dolor…Por ahí debería haber comenzado su propia revolución. Pero ningún revolucionario llega a ese punto de honestidad consigo mismo, de analizar sus propias proyecciones y ver qué es exactamente lo que lo motiva. La derecha y la izquierda se alimentan de situaciones inacabadas y de otros intereses que nada tienen que ver ni con la derecha, ni con la izquierda, ni con los pobres, ni con la justicia social…. sino con el dolor y el resentimiento de polaridades no resueltas…porque el más izquierdista de todos es el más derechista y el más derechista es el más izquierdista, uno agazapado detrás del otro. Cuando se perdió la inocencia del bachillerato y la autenticidad de los principios, comenzó la dualidad. Lo que hoy existe es mucha ignorancia, e intolerancia, y descalificación del otro, y la incomunicación. Tanto la derecha como la izquierda están en deuda con las nuevas generaciones. El discurso no convence, la promesa carece de credibilidad y el insulto, la amenaza tienen un efecto mediático al principio pero después es una de tantas mentiras que terminará perdiendo efectividad…lo que nunca quedará atrás es que mientras no haya una toma de conciencia, los de izquierda y los de derecha perderán contacto consigo mismos y con los demás. Octavio Paz dijo “en el siglo XXI los hombres se enfrentarán a una gran nueva amenaza , tal vez la más grave de nuestra historia, desde el período paleolítico : la supervivencia de la raza humana”. Y eso es lo importante, una tragedia que solo la podemos desviar si comenzamos a ponernos de acuerdo para entender lo que necesitamos. Y lo que necesitamos los de izquierda, y los de derecha, y los del centro y los de arriba y los de abajo es conciencia de nuestro valor agregado en un mundo excesivamente polarizado. Lo que necesitamos es conciencia de uno mismo y conciencia del otro, como piezas importantes para el diálogo, para centrarnos en lo que a todos atañe: el derecho a la supervivencia y a la convivencia pacífica de todos. La izquierda todavía anda de brazos con Marx y con sus elucubraciones económicas buenas para el siglo XVIII. Difícil que Marx pudiera haber sido interprete de los procesos actuales que hace rato dejaron de creer en la dialéctica. Con la derecha, pasa algo peor: Los talibanes, los ayatolas, los fundamentalistas, los conservadores reaccionarios son como los inquisidores españoles que se agarraron de de la justicia divina para excusar tantas atrocidades. Ellos querían antropormofizar a Dios buscando que Dios se prestase a tantas patrañas: el derecho a ser titulares de la verdad absoluta y de siempre tener la razón, aunque estuviesen equivocados… Porque ese Dios a su medida iba a ser misericordioso con ellos y castigador con los otros que eran diferentes. Y de ahí a las torturas y a las persecuciones había apenas un paso. Eso es lo que hemos visto en la historia. Nietzsche decía que el valor de un espíritu se mide por la capacidad para enfrentarse a la crítica, asimilarla y transformarla…y en eso estamos: ni a la derecha, ni a la izquierda les gusta la crítica porque por diseño ellos piensan que son “ infalibles” que es una marca de fábrica que les confiere garantía absoluta de jamás equivocarse…pero eso solo quiere decir que carecen de honestidad para reconocer lo que realmente son: ignorantes de si mismos. En la vida todo se reduce a buscar el conocimiento para dejar de ser ignorantes, disponiéndose a ser humildes para dejarle un espacio al otro diferente.

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