lunes, 15 de junio de 2009

Tolerancia


¿A quién no le encanta, bien temprano en la mañana, rumbo a su trabajo, recorrer la autopista sintiendo que el AVILA se le cuela por la ventana?. Una montaña hermosa, es una inspiración que limpia el alma de todo resentimiento y nos regala momentos de energía y pasión por la vida, una invitación por la paz y la armonía. Lástima que a muchos les cuesta entender que hay otros escenarios diferentes a los de la violencia, que hay otros valores y que existe la biodiversidad, millones de organismos vivos de todos los tamaños y colores, y microorganismos, contribuyendo al balance ecológico. La conciencia de la ecología nos lleva de la mano al orden, a la armonía, a la belleza, a la paz…verdades que tanta falta hacen.

Nos llamamos reyes de la creación y nos decimos “humanos” para diferenciarnos de los animales, pero no somos capaces de mantener la ciudad limpia, las calles sin delincuencia, el país sin pobreza…y si a ver vamos los animales aun los más salvajes viven con más seguridad, paz y convivencia que nosotros los humanos…? Quién nos garantiza nuestros derechos a la vida, a la seguridad…? Tremenda responsabilidad para un político, para un gobernante, para un líder . Cuando estos señores fueron elegidos fue para el desarrollo, para el crecimiento y el bienestar de todos.

La verdad que en muchos hogares los niños aprenden a imitar, a obedecer, a portarse bien, excluyendo al otro diferente… y quizás creyendo que tolerar es lo mismo que “hay que calárselo…”o hay que “aguantar”, dejando intactas nuestras polaridades. Aprendemos a ser simétricos, abiertos y confiados con el que se parece, el que vive en la misma cuadra, pertenece a la misma religión o partido…Y desde esos aprendizajes de simetría a rajatabla, nos comimos el cuento que somos tiernos, pacíficos…y amantes de la paz…aunque más de 2.000.000 de venezolanos hayan muerto en cien años de guerra, 20% de la población muere bajo el terror de la delincuencia, o por operaciones de exterminio, y 50% fácilmente ha quedado excluida. Creemos y practicamos una democracia de contenidos, de discursos que se mezcla con las amenazas, el atropello, las violaciones y con cualquiera ideología de exclusión. Nos han dicho que llevamos cuarenta años de democracia y expulsamos a un dictador pero la cotidianidad del venezolano, discurre entre maltratos y violaciones y abandonos, y trampas y corruptelas. Las metáforas hablan por si mismas: los hospitales, las cárceles, las escuelas, las calles, los tribunales… hasta los hogares son metáforas del abandono y del maltrato en el cual nace, crece y vive el venezolano. Lo más absurdo es que aun sigamos creyendo que somos demócratas, ciudadanos del mundo, revolucionarios cuando en verdad excluimos al diferente, descalificamos, discriminamos, rechazamos y no todos tienen el mismo derecho ante la ley. Esas son las misma incongruencias que permitieron que existiera la Inquisición, la quema de brujas, las guerras santas, los campos de concentración y exterminios soviéticos, los bombardeos de poblaciones civiles, los genocidios, y ahora el terrorismo… A Dios gracias el universo evoluciona y exige que sus pautas sean respetadas.

Quizás no nos hemos paseado por el hecho que los derechos humanos, se violan cuando no ayudamos a los hijos a ubicarse en un entorno complejo y convulsionado y los dejamos a merced de la violencia que hay en el medio externo: en la calle, en la escuela, en la TV, en los medios. Existe la violencia de las parejas, el maltrato físico de las mujeres, las violaciones y maltrato sexual, la violencia del atracador o del secuestrador y también la del mal servicio, la violencia de los maestros y la del funcionario público. Violamos impunemente el derecho que tenemos todos al orden, a la armonía, a la ecología y al crecimiento. Hoy día por los consultorios profesionales, desfilan miles de seres humanos, con cicatrices de violencia en sus cuerpos y almas, con frustraciones, rabias, culpas, miedos y mucho dolor. En esa etapa de la vida, la niñez, la etapa más bella, donde aprendemos a ser competentes y a ser humanos, abiertos al contacto, al amor y a la valoración, nuestros niños aprenden a sobrevivir, a bregar “agarrando aunque sea fallo…” con padres incongruentes, con maestros intolerantes, en comunidades sin valores, aprendiendo a sentirse víctimas de los demás. Los padres a su vez también son víctimas de la violencia de sus propios hijos… .

Tolerancia es respeto por si mismo y por el otro, es el derecho que todos tenemos al bienestar, a expresarnos aun siendo diferentes. La tolerancia es una competencia que se aprende con la leche materna, con el amor, con el contacto y con la comunicación efectiva: escuchando al otro y dándole a cada uno un espacio para que se exprese con libertad. La tolerancia es un compromiso con uno mismo, de respetar la manera de ser, de pensar, de comportarse, de sentir…sabiendo que por ser diferente ni se es mejor, ni se es peor, y sí se tienen derechos y se merece el respeto y el aprecio de todos.

La intolerancia nació cuando el humano comenzó a excluirse a si mismo, a ver al otro que no era igual, buscando en la ideología o en el dogma la excusa para controlar y dominar. Y cuando los principios se convierten en dogmas…o en prejuicios, se pierde el respeto y el amor por el otro. Los intolerantes en nombre de Dios, o en nombre de cualquier ideología, han cometido los mayores crímenes de la humanidad: Inquisición, campos de concentración, ecocidios, cárceles. No solo es matar inocentes o quemar brujas o disidentes, o excomulgar apóstatas y mandarlos a un infierno de acomodo…es no permitir la crítica, la diferencia, la desavenencia, la oposición. Venezuela ha sido refugio para muchos diferentes excluidos, de cualquiera parte del mundo. Al principio hubo aceptación y los integramos, porque eran los que venían de afuera perseguidos pero valores, y tradiciones, y ganas de trabajar. Pero después los políticos marginales vieron la veta para cultivar el odio y el resentimiento, dividiéndonos en parcialidades y ahora somos un pueblo dividido, donde se cultiva la intolerancia contra el otro.

Necesitamos reaprender la tolerancia como valor y competencia. Para ello lo más importante es creer en uno mismo, para creer en el otro, para respetar los valores, y las ideas del otro y no caer en la trampa de una sociedad simétrica, ideologizada, homogeneizada con un solo pensamiento, un solo credo, una sola visión…dominada por un grupo de interés. Lo bello del universo es la biodiversidad y la multiculturalidad para que todos tengan cabida y desterremos el prejuicio, y la exclusión. Lo paradójico es predicar una democracia con exclusión del opuesto. Necesitamos mapas de respeto por el diferente, de mente amplia y corazón generoso que abra un espacio para que todos sean incluidos, aceptando límites y diferencias. La tolerancia comienza desde la cuna, en el primer laboratorio de aprendizajes que es la familia. La tolerancia la alcanzaremos si,

* Fortalecemos nuestra vida interior
* Aprendemos a comunicarnos cara a cara
* Descubrimos lo positivo en uno mismo y en el otro
* Identificamos las polaridades propias, sabiendo que lo que no me gusta del diferente es exactamente lo que rechazo de mi mismo, lo que tengo dentro de mí… la parte mía que no me gusta que la veo afuera y la rechazo.
*Practicamos el aprecio, y la valoración consigo mismo y con el otro,
* Desmontamos los mapas de simetría, creando espacios para el dialogo y la conversación sin sentirnos perseguidos ni amenazados.



Todos nos sentimos bien con el grupo de origen, los del mismo colegio, universidad. Nos blindamos en los clubes, en los partidos, en los grupos de poder, en los grupos religiosos y formamos peñas y nos sentimos importantes porque somos clase aparte. Afirmamos que somos un pueblo amante de la paz…y sin embargo hemos estado más de cien años en guerra y desde 1989-2004, hemos tenido toda suerte de violaciones de derechos humanos, con más muertos por año que en cualquiera otra guerra. La Rotunda, Guasina, Pto. Cabello, La Pica, La Carcel Modelo, El Rodeo I y II, cualquier carcel del país…monumentos patéticos a la ignorancia y a la intolerancia…violando todos los derechos humanos, pero también lo son las universidades, las escuelas…las empresas que cultivan el género. ¿Dónde se respeta al diferente?. ¿ Dónde se cree en el otro? ¿ Donde se le dan oportunidades a todos por igual…?. En la ley están los principios, en las calles las violaciones. En todos lados practicamos rituales de tortura: física, mental y moral. Y ni hablemos de los exterminios, de los operativos, de las escaladas simétricas en los tribunales, en los juicios amañados contra el disidente, en la expulsión de trabajos simplemente por no ser del grupo o del partido o de las mismas creencias que el jefe.

Venezuela será un hermoso país, cuando alineemos la belleza de nuestra geografía donde existe la biodiversidad con la geografía del alma de cada uno de los venezolanos en comunidades sin exclusiones, con respeto a la dignidad y a la vida del otro, con oportunidades para todos de expresarse y de sentirse importantes, buscando la propia ecología, el orden, el equilibrio que se nos cuela por la ventana cuando el Avila nos dice a todos por igual: buenos días.

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